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miércoles, 31 de diciembre de 2025

La biología del Demogorgon de Stranger Things

Desde la primera vez que aparece en pantalla, el demogorgon captura nuestra atención no solo por su porte amenazante, sino porque su diseño está profundamente basado en patrones que la biología reconoce. La criatura de Stranger Things -un depredador proveniente del “mundo del revés”- se presenta no como puro terror fantástico, sino como una mezcla de soluciones evolutivas reales llevadas al extremo. Su cuerpo parece diseñado para sobrevivir bajo presiones ambientales extremas y ese rasgo no es ajeno a lo que observamos en organismos que habitan cuevas, océanos abisales o lugares tóxicos. 


1. El demogorgon en el mundo real

Pero antes de adentrarnos en su compleja anatomía, es vital entender el origen de su nombre, el cual carga con un peso histórico casi tan oscuro como la propia criatura. Aunque los protagonistas de la serie toman el término del universo de Dungeons & Dragons (Dragones y Mazmorras), el Demogorgon no es una invención moderna ni del juego de rol. Su origen se remonta a textos del siglo IV, naciendo curiosamente de un error de transcripción. Se cree que un copista deformó el término griego Demiurgo (el creador del mundo) dando lugar a una deidad misteriosa y pavorosa que no debía ser nombrada. Etimológicamente, el nombre parece derivar de la unión de Daimon (espíritu o divinidad) y Gorgos (terrible o pavoroso), traduciéndose literalmente como "El Espíritu Terrible". Este error histórico acabó resonando durante siglos en la literatura de autores como Milton o Shelley, consolidando al Demogorgon como una entidad primordial y caótica antes de que la biología especulativa lo reclamara como el superdepredador definitivo.

Demogorgon en la Cueva de la Eternidad de Hendrick Goltzius


Si consideramos el "Mundo del Revés" como un ecosistema con escasa luz, temperaturas bajas y una atmósfera saturada de esporas y partículas tóxicas, la biología del demogorgon cobra un sentido darwiniano fascinante. Su fenotipo es el resultado de la presión selectiva en un entorno hostil, análogo a cómo la fauna abisal ha desarrollado formas monstruosas (para nuestros ojos) para lidiar con la presión inmensa y la oscuridad perpetua. No es un demonio sobrenatural, es un organismo formidablemente adaptado a un nicho ecológico infernal.

Desde una perspectiva científica, el demogorgon entra en la clasificación de los organismos anoftalmos, es decir, seres que carecen de órganos visuales funcionales. Esta condición nos remite a tiempos ancestrales de nuestra propia evolución, donde diversas especies abandonaron la vista para optimizar otros sentidos en entornos de oscuridad absoluta. En este sentido, el monstruo de Hawkins no es un ente mágico, sino un especialista extremo, un depredador que ha sacrificado la visión por una eficiencia sensorial que apenas alcanzamos a comprender.


Analizando su morfología podemos apuntar a que, si bien su apariencia humanoide es llamativa, su ciclo vital y sus estructuras corporales sugieren afinidades con anfibios, reptiles y otros linajes de vertebrados, que sería el resultado de una evolución paralela a la de nuestros cordados, pero adaptadas a un ambiente radicalmente diferente. 

Este concepto de evolución convergente es clave para entenderlo. En la Tierra, grupos completamente distintos han llegado a soluciones anatómicas similares cuando enfrentan problemas parecidos (pensemos en las alas de un murciélago, un ave y un pterodáctilo; son claramente estructuras análogas para volar). El demogorgon parece haber convergido hacia una estructura corporal bípeda y depredadora, similar a los grandes terópodos o a nosotros mismos, porque es una configuración eficiente para la locomoción y la caza activa en un entorno terrestre, aunque su línea genética sea totalmente ajena a nuestra biosfera.

Podríamos incluso hablar de una "biosfera en las sombras" o una "biosfera del revés". En astrobiología, se teoriza con que en un mismo planeta puedan coexistir formas de vida con bioquímicas distintas. El demogorgon representaría un linaje que no depende de la fotosíntesis clásica, sino de una red trófica basada en la descomposición perpetua, como una especie de sistema fúngico superior. Su existencia desafía la idea de que la vida requiere luz solar directa, situándolo más cerca de las comunidades quimiosintéticas de las chimeneas hidrotermales submarinas que de cualquier animal de superficie.

2. Anatomía y morfología comparada

Cabeza, boca y simetría

La característica más llamativa del demogorgon es, sin duda, su cabeza que se despliega en lóbulos que recuerdan a los petalos de una flor. Este órgano evoca, en primer término, similitudes tanto con plantas carnívoras como la Dionaea muscipula -que captura insectos con trampas bilaterales- como con animales marinos de simetría radial. Esa apertura radial sugiere una estrategia de captura omnidireccional, algo que en la naturaleza está asociado a trampas de alimentación altamente especializadas. 

Dionaea muscipula

Sin embargo, el demogorgon presenta cinco lóbulos carnosos con dientes internos, similares a los cinco pétalos de algunas flores, un diseño que rompe con la anatomía de mandíbulas que conocemos en los animales vertebrados. Visualmente puede recordarnos a la flor de la planta cadaver (Rafflesia arnoldii), una planta parásita enorme, que según los propios creadores de la serie no fue la inspiración del demogorgon. En este caso el parecido es mera coincidencia. Desde el punto de vista de la biología, la forma de Rafflesia tiene una explicación clara: es una planta parásita que no produce hojas, tallos ni raíces visibles, por lo que su energía se concentra en una flor enorme, diseñada para atraer polinizadores específicos. Sus pétalos carnosos, el centro oscuro y los tonos rojizos buscan imitar a la carne en descomposición, tanto en apariencia como en olor, para atraer insectos como son las moscas y los escarabajos. A esta estrategia se la conoce como mimetismo sapromiófilo.


Sin embargo, si buscamos una inspiración botánica más precisa, debemos mirar hacia Orbea variegata, conocida popularmente como flor lagarto. Aunque el equipo de diseño no lo haya confirmado oficialmente, el parecido es asombroso ya que cuenta con cinco lóbulos carnosos que se abren de forma radial y una coloración moteada que recuerda a la piel de un reptil. Al igual que Rafflesia, esta flor también utiliza el mimetismo sapromiófilo, emitiendo olor a carne podrida.


Lo fascinante de la "cabeza floral" del demogorgon es la yuxtaposición de una simetría radial pentámera (típica de equinodermos como las estrellas de mar o cnidarios como las anémonas, animales generalmente lentos y/o sésiles) en el cuerpo de un depredador bípedo altamente activo. Esta combinación es biomecánicamente desconcertante en la Tierra. Una boca radial no permite masticar, sino engullir presas enteras o arrancar grandes trozos mediante torsión. Además, la apertura de estos lóbulos parece servir también como una estructura de intimidación interespecífica, un despliegue similar al de las membranas de algunos reptiles para parecer más grande y aterrador justo antes del ataque.


Y lo mismo tiene funciones receptoras. Si buscamos un análogo animal en este sentido, debemos mirar al topo de nariz estrellada (Condylura cristata). Este pequeño mamífero posee 22 apéndices carnosos en su nariz que funcionan como un órgano táctil ultra-sensible. Se llaman órganos de Eimer. En el demogorgon, sus pétalos no funcionarían solo como mandíbulas, sino que también podrían ser un radar de proximidad. Miles de terminaciones nerviosas en la cara interna de los lóbulos detectarían cambios mínimos en la presión del aire y vibraciones térmicas, permitiéndole "ver" una imagen táctil de su presa incluso antes de tocarla.


Volviendo a la boca del demogorgon, el hecho de no contar con mandíbulas similares a las del resto de los vertebrados, lo aproxima a los llamados agnatos -lampreas y mixines- aunque estos, al ser peces, carecen de extremidades y presentan una biología muy distinta. Está claro que el demogorgon, al integrar rasgos de distintos linajes, desafía nuestra clasificación taxonómica habitual y no resulta nada fácil encajarlo en ningún grupo taxonómico actual.

La comparación con las lampreas es especialmente pertinente si observamos la disposición de sus dientes. Las lampreas poseen una boca circular en forma de ventosa tapizada de dientes córneos que utilizan para anclarse y rasgar el tejido de sus víctimas. El demogorgon mejora este diseño, sustituyendo la ventosa por cinco poderosos lóbulos musculares. Esta estructura le permite no solo succionar o morder, sino ejercer una presión de torsión mecánica que sería imposible para un vertebrado con mandíbulas bilaterales convencionales.



Extremidades y postura

Su postura bípeda recuerda a mamíferos como el ser humano, o a dinosaurios terópodos, pero su piel, junto con su capacidad de muda, evocan a anfibios. No es una simple mezcla arbitraria: cada rasgo funcional responde a presiones adaptativas plausibles, como encontrar alimento, crecer y sobrevivir en entornos hostiles, que la evolución, en distintos grupos, ha resuelto de maneras semejantes. 

Esa piel de aspecto húmedo y mucoso no es solo una decisión estética para dar asco. En biología, una piel permeable y húmeda suele estar relacionada con la respiración cutánea, vital en anfibios. Si la atmósfera del "mundo del revés" es pobre en oxígeno o contiene gases tóxicos, la piel del demogorgon podría actuar como un órgano respiratorio auxiliar gigante o, alternativamente, la capa mucosa podría servir de barrera protectora contra las esporas omnipresentes en su hábitat, de forma similar a cómo la mucosa de los peces los protege de patógenos. 


Sus largas extremidades anteriores, con garras desproporcionadas, sugieren además una capacidad no solo para desgarrar, sino quizás para excavar o trepar por las estructuras orgánicas tipo enredadera que dominan su mundo. Desde una perspectiva biomecánica, sus extremidades largas y dedos finos sugieren una especialización para la manipulación y la escalada, más que para la carrera de larga distancia. Esto podría indicar que es un depredador de emboscada que utiliza la verticalidad de su entorno (árboles orgánicos, edificios en ruinas) para lanzarse sobre sus víctimas. Su estructura ósea, por tanto, debería ser ligera pero extremadamente densa, similar a la de las aves, para permitir movimientos explosivos sin fracturarse por el estrés mecánico.


Su morfología combina la agilidad de un primate con la potencia de un reptil y la destreza cazadora de un gran felino. Esta "quimera anatómica" es lo que lo convierte en un depredador tan versátil, capaz de moverse con la misma solvencia en pasillos estrechos que en los espacios abiertos y desolados de su mundo de origen. 

3. Fisiología y funcionamiento interno

Respiración y metabolismo

Los organismos que habitan en la oscuridad total, ya sea en cuevas o en el fondo del océano, a menudo presentan adaptaciones fisiológicas sorprendentes. Pueden ser sistemas sensoriales distintos, metabolismo reducido o tolerancia a bajos niveles de oxígeno. El demogorgon, que se mueve en la penumbra de su dimensión, encaja con esta lógica. La ausencia de órganos ópticos no implica falta de sensibilidad; podría compensar con quimiorrecepción, percepción mecánica y otros sentidos alternativos, algo común en animales ciegos adaptados a cavidades subterráneas. 

Debemos considerar también su termorregulación. El "Mundo del Revés" parece frío. Un depredador tan activo y explosivo en sus ataques requeriría un metabolismo alto, probablemente endotérmico (sangre caliente), para mantener esa actividad muscular. Sin embargo, su capacidad para permanecer inactivo y acechar podría sugerir una estrategia metabólica mixta, similar a la de algunos grandes reptiles o incluso a la de los tiburones blancos, que mantienen ciertas partes del cuerpo más calientes que el entorno para optimizar la caza, un proceso conocido como gigantotermia o endotermia regional.


Una hipótesis fascinante sería que el demogorgon tuviera un modo de alimentación secundaria similar a la osmotirofia. Dado que su entorno está saturado de material orgánico en suspensión (esas "motas como de polvo" que flotan en el Mundo del Revés), el demogorgon podría absorber nutrientes directamente a través de su piel mucosa, como lo hacen algunos invertebrados marinos. Esto explicaría cómo sobrevive largos periodos sin cazar presas grandes; simplemente "toma" la sopa orgánica de su atmósfera mientras permanece en estado de letargo.

Muda de piel y crecimiento

Uno de los hallazgos más fascinantes que nos brinda el análisis biológico del demogorgon es su ciclo de muda epidérmica, un proceso comparable al de los reptiles. Los anfibios, por otro lado, crecen integrando su piel de forma continua; los reptiles, en cambio, deben mudar para permitir el aumento de tamaño. El demogorgon parece combinar estrategias, sugiriendo un origen evolutivo híbrido o una adaptación única a su “Mundo del Revés”. 

Este tipo de mudas también cumple funciones adicionales en la naturaleza: eliminar parásitos, reparar daños y renovar estructuras externas, procesos que incrementan la supervivencia en entornos agresivos. Imaginar su fisiología desde esta perspectiva realza su verosimilitud evolutiva, incluso como ficción. Además, la muda en el demogorgon parece estar asociada a cambios drásticos en su ciclo vital. No es solo crecer, es metamorfosearse. La energía requerida para estos cambios de estadio tan rápidos (como veremos en su ciclo vital) implica una fisiología digestiva increíblemente eficiente, capaz de convertir biomasa consumida en nuevo tejido estructural a una velocidad pasmosa.


La muda, o ecdisis, en el demogorgon no solo sería un proceso de crecimiento, sino una respuesta hormonal drástica a la disponibilidad de biomasa. En artrópodos y algunos reptiles, la muda está regulada por señales ambientales y nutricionales; en esta criatura, el paso acelerado de una fase a otra tras alimentarse sugiere un sistema endocrino hiperactivo. Este estirón biológico requiere un control preciso para evitar que el organismo colapse bajo su propio peso antes de que el nuevo tegumento se endurezca, un fenómeno que en el mundo real deja a muchos animales vulnerables durante horas o días.

Además, este proceso permitiría una reconfiguración de sus tejidos defensivos tras cada estadio. Al emerger de su vieja piel, la nueva cutícula podría sintetizar compuestos orgánicos complejos o depositar minerales captados de su entorno para aumentar su resistencia mecánica. Es lo que en biología llamaríamos un proceso de esclerotización llevado al límite, donde la "armadura" biológica se vuelve cada vez más densa y opaca, preparándolo para el rol de superdepredador adulto que no solo caza, sino que resiste activamente los ataques físicos de sus presas o competidores.

4. Sentidos y etología

La ausencia de ojos visibles y los sentidos alternativos

La carencia de órganos visuales no implica incapacidad sensorial. En cuevas profundas viven especies completamente ciegas que orientan su conducta mediante sonido, vibración, campos eléctricos o detección química. El demogorgon, al no depender de la visión, podría estar percibiendo su entorno mediante sistemas sensoriales alternativos que en la biología real vemos en murciélagos, tiburones o serpientes. 

Con respecto a la anoftalmia que nombrábamos al principio, contamos en nuestro mundo con un referente biológico directo como son los cangrejos jameítos (Munidopsis polymorpha) de los Jameos del Agua en Lanzarote -que tuve la suerte de conocer en persona-. Estos crustáceos, al igual que nuestro monstruo protagonista, son ciegos y han desarrollado una sensibilidad extrema a las vibraciones y a los cambios químicos en el agua. El demogorgon traslada esta adaptación al medio terrestre, utilizando su rostro floral como un radar biológico capaz de detectar el latido cardíaco o la circulación sanguínea de una presa a varios metros de distancia, convirtiendo la oscuridad en una ventaja táctica absoluta. Es probable que los lóbulos de su cabeza estén tapizados de receptores químicos y mecánicos altamente sensibles, convirtiendo toda su "cara" en una nariz y oído gigante y sofisticado. La capacidad del demogorgon para detectar sangre (incluso a través de barreras dimensionales, si nos ponemos exquisitos con el lore) sugiere una quimiorrecepción hiperdesarrollada, análoga al olfato de los tiburones, capaces de detectar aminoácidos en diluciones extremas, o a las antenas de ciertas polillas macho que detectan feromonas a kilómetros. 



Pero hay un sentido adicional que a menudo ignoramos: la electrorrecepción. En el mundo real, los tiburones usan las Ampollas de Lorenzini para detectar los campos eléctricos de sus presas. Si el demogorgon posee esta capacidad, explicaría su obsesión por las luces y los dispositivos eléctricos en Hawkins. La electricidad de nuestra dimensión actuaría como una especie de baliza sensorial irresistible, interfiriendo con su capacidad de rastreo y atrayéndolo hacia las fuentes de energía como una polilla a la luz.

Comportamiento depredador

Su estilo de caza, sigiloso, selectivo y dirigido por estímulos sensoriales distintos a la vista, recuerda estrategias de depredadores reales que optimizan energía y éxito de captura. Estas conductas emergen cuando un organismo encauza su estrategia de caza según su propia biología y la disponibilidad de presas, algo que la biología evolutiva suele explicar con modelos de eficiencia energética y selección natural. 

Pero hay un aspecto etológico aún más inquietante: su comportamiento social, o más bien, eusocial. Los demogorgons no parecen actuar como individuos solitarios con intereses propios, sino como castas guerreras dentro de una colonia, subordinados a una inteligencia central (el Azotamentes). Esto los acerca biológicamente al comportamiento de hormigas o abejas, donde el individuo es prescindible en favor del "superorganismo". Esta conexión se evidencia en su coordinación y en la aparente falta de instinto de autopreservación cuando reciben órdenes de la mente colmena, un rasgo típico de las castas de soldados estériles en los insectos sociales.


Además, su comportamiento de "almacenamiento de presas" (como vemos cuando atrapa a Will o Barb) es idéntico al de las avispas cazadoras que paralizan a sus víctimas pero no las matan de inmediato. Esto asegura que la larva tenga alimento fresco al nacer. Etológicamente, esto posiciona al demogorgon adulto no solo como un cazador, sino como un recolector de materia para el siguiente ciclo reproductivo de la especie.

5. Ecología. El demogorgon como superdepredador

En un ecosistema real, ningún depredador, por feroz que sea, puede existir sin una red trófica que lo sustente. El demogorgon, en la narrativa de Stranger Things, opera como un superdepredador absoluto: domina su ambiente, consume grandes presas y altera el comportamiento de otras especies. Esta figura tiene paralelos claros en la biología terrestre con grandes depredadores como tigres, orcas o águilas, cuya presencia regula ecosistemas enteros. 

Si imaginamos el “mundo del revés” como un ambiente que, pese a sus elementos fantásticos, opera bajo principios similares a los de los ecosistemas terrestres, el demogorgon encaja como la cúspide de una red trófica hipotética, un organismo que ha evolucionado para maximizar la eficiencia energética y la captura de alimento en condiciones extremas.


Sin embargo, la ecología del "mundo del revés" parece estar basada en la descomposición y las redes fúngicas más que en la fotosíntesis. Es posible que el demogorgon no sea un superdepredador en el sentido tradicional, sino una parte móvil del sistema inmunológico o digestivo del propio ecosistema, que parece ser un vasto organismo interconectado. Si el "mundo del revés" es una red micelial gigante, el demogorgon podría ser un equivalente macroscópico de los nematodos depredadores o de los hongos cazadores que patrullan el suelo en nuestro mundo, eliminando amenazas o adquiriendo nutrientes específicos para la red central.

Desde este punto de vista, el demogorgon sería una especie invasora de manual cuando cruza a nuestra dimensión. Al no tener depredadores naturales en la Tierra y poseer una resistencia física superior, su impacto ecológico en un pueblo como Hawkins sería devastador, provocando un "colapso en cascada" si no fuera detenido por los protagonistas. Actúa como el gato doméstico en una isla de aves no voladoras: un desastre para la biodiversidad local.

6. Reproducción y ciclo vital

Quizás uno de los aspectos más intrigantes del análisis biológico del demogorgon es su ciclo vital complejo. Es posible que este organismo ficticio pase por hasta seis etapas larvarias desde su eclosión hasta alcanzar la forma adulta. El ciclo vital del demogorgon sigue un patrón muy similar al de la metamorfosis de los anfibios, pero con un giro parasitoide. Comienza como parásito en un hospedador, que una vez que sale da lugar a una larva similar a un renacuajo sin extremidades. A medida que consume alimentos, el organismo desarrolla primero las patas traseras y posteriormente las delanteras, pasando por una fase cuadrúpeda (el "demoperro") antes de erguirse finalmente en su forma adulta bípeda. Esta transición morfológica tan drástica es una de las estrategias de crecimiento más eficientes y aterradoras que la biología puede diseñar. 



Este ciclo vital es un ejemplo de libro de texto de una estrategia parasitoide. A diferencia de un parásito "bueno", que intenta mantener a su huésped vivo el mayor tiempo posible, un parasitoide (como las avispas icneumónidas en la Tierra) utiliza al huésped como incubadora y fuente de alimento vivo para sus larvas, matándolo inevitablemente al final del proceso. La etapa inicial del demogorgon implantada en un humano es una representación brutal de este comportamiento.


La fase de "babosa" o "renacuajo" (como el pequeño D'Artagnan que encuentra Dustin) y su posterior desarrollo rápido de extremidades recuerdan a una metamorfosis anfibia acelerada, pero con requisitos nutricionales extremos. El crecimiento exponencial que vemos en la serie, pasando de unos centímetros a un tamaño casi adulto en cuestión de días, requeriría una ingesta calórica masiva, lo que explica su voracidad indiscriminada durante las fases juveniles. Es una carrera biológica contra el tiempo para alcanzar el tamaño de "soldado" lo antes posible. 



Este esquema de desarrollo recuerda, en parte, a lo que ocurre en anfibios (como las ranas que mudan de renacuajo a adulto) y en artrópodos (que mudan su exoesqueleto). La aplicación de estos patrones a una criatura ficticia no solo hace posible su biología dentro de la narrativa, sino que sirve como un vehículo para explicar procesos reales de desarrollo biológico de forma atractiva para el público.

7. ¿Realidad o ficción?

Cuando descomponemos al demogorgon y lo analizamos con lentes biológicas, emergen dos niveles de realidad:

  • Elementos posibles basados en biología real: Sentidos alternativos en ausencia de visión, muda de piel como estrategia de crecimiento, metamorfosis compleja con fases larvarias, estrategias de depredación eficientes.
  • Elementos que siguen siendo pura ficción: Su origen interdimensional, su tamaño desproporcionado sin costos metabólicos extremos, lo que hoy llamaríamos telequinesis o habilidades psíquicas.


Lo interesante es que la ciencia ficción no rehúye la plausibilidad, la usa como andamiaje para construir criaturas que capturen nuestra imaginación sin renunciar completamente a las leyes naturales. El demogorgon es un "monstruo de Frankenstein" hecho de piezas de zoología real: la boca de una lamprea, el ciclo vital de una rana, la piel de un reptil o de una salamandra gigante, la sensibilidad de un habitante de las cavernas, la quimiorrecepción de un tiburón, la simetría de una anémona y la capacidad invasiva de una avispa parasitoide, todo unido en un organismo bípedo de pesadilla que, sobre el papel y en la pantalla, resulta asombrosamente coherente.

Conclusión

El demogorgon funciona tan bien como criatura de ficción porque toma prestados y reelabora patrones biológicos reales. Cada elemento, su boca, su ciclo vital, su fisiología y su comportamiento, tiene un paralelismo en organismos que realmente habitan la Tierra. Al combinar estos elementos con una narrativa poderosa, Stranger Things nos ofrece no solo terror, sino un puente para explorar conceptos biológicos fundamentales.



Entender al demogorgon desde la ciencia no lo hace menos aterrador; por el contrario, nos aproxima al misterio biológico que sustenta a los organismos extremos de nuestro propio mundo. Al final, la criatura más extraña que podamos imaginar no es más que un reflejo distorsionado de la increíble y a menudo aterradora diversidad de la vida real que nos rodea.

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Bibliografía:

- http://es.strangerthings.wikia.com/wiki/Demogorgon_(monstruo)

- https://es.wikipedia.org/wiki/Rafflesia_arnoldii

- http://es.strangerthings.wikia.com/wiki/D%27Artagnan

Lewis, R. 2017. The Biology of “Stranger Things’’. DNA Science.

- http://historiasbastardasextraordinarias.blogspot.com/2017/10/

https://muyinteresante.com/ciencia/26124.html

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0012160607002217

https://biogeocarlos.blogspot.com/2017/11/seres-extranos-de-stranger-things.html

https://principia.io/2016/09/19/la-ciencia-de-stranger-things.IjQyNSI/

https://www.youtube.com/watch?v=k9eHEr4yl3o

https://www.floridamuseum.ufl.edu/science/whats-next-for-the-demogorgon-scientists-weigh-in/

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Lo que tu cuñado no sabe sobre el pavo (y tú le vas a contar este año) [Biología en Navidad]

En muchas mesas navideñas, el pavo ocupa el centro absoluto del banquete, aunque a veces, sobre todo en muchas casas andaluzas, el verdadero protagonista es el pollo de corral. Pero hoy nos vamos a quedar con el pavo. Dorado, relleno, sabroso... Tan presente que casi olvidamos que, antes de ser plato principal, fue —y sigue siendo— un animal fascinante. Un ave con una historia evolutiva que se remonta a la era de los dinosaurios y una genética profundamente moldeada por nuestra mano. Porque el pavo que hoy trinchemos en Navidad no es solo comida, es el resultado de millones de años de evolución y de unos cuantos siglos de selección artificial. Espero que hoy os pueda brindar una buena lección de biología servida con guarnición. Con todos ustedes, Lo que tu cuñado no sabe sobre el pavo (y tú le vas a contar este año) [Biología en Navidad].


Un poco de etimología y una pizca de bioquímica

Para empezar, la propia palabra "pavo" ya nos da una pista de la confusión taxonómica inicial. Cuando los españoles llegaron a América, llamaron a estas aves "pavos" por su vago parecido con el pavo real (Pavo cristatus), una conocida especie asiática que ya se conocía en Europa. En inglés, la confusión fue aún mayor, ya que lo llaman "turkey" porque pensaban que procedía de Turquía, o al menos que llegaba a través de los comerciantes turcos desde el Mediterráneo. Como veis, el pavo es un animal que nació, biológicamente hablando, con una crisis de identidad nominal.


Además, su presencia en la mesa ha generado algún mito bioquímico que conviene aclarar antes del primer bocado. Seguramente habréis oído que el pavo da sueño por su alto contenido en triptófano, un aminoácido esencial precursor de la serotonina y la melatonina. Sin embargo, la ciencia nos dice que el pavo no tiene más triptófano que un filete de ternera o un poco de queso. Si te quedas dormido en el sofá tras la cena, no culpes a la bioquímica del ave, sino al exceso de carbohidratos, al vino y, posiblemente, a la charla de tu cuñado.

Por cierto, para los glotones a los que se les está haciendo la boca agua por hablar de comida, este término "glotones" es el que reciben los machos de los pavos por el peculiar sonido - ¡Glu, glu, glu! - que estos emiten, sobre todo en época de apareamiento, sonido que tiene la función de servir de reclamo para las hembras. Estas, las pavas, por su parte, no los emiten, sino que suelen cacarear, ronronear o cloquear

Orígenes evolutivos del pavo

Aunque pueda resultar difícil imaginarlo mientras lo vemos reposar en la bandeja, el pavo es, como todas las aves, un dinosaurio vivo. Espero que a estas altura de la película nadie tenga dudas con este concepto. El pavo, concretamente, desciende de los dinosaurios terópodos, el mismo gran grupo al que pertenecían animales tan poco navideños como Velociraptor mongoliensis o Tyrannosaurus rex.


Las aves no aparecieron después de los dinosaurios, sino que directamente son dinosaurios que sobrevivieron. El pavo conserva muchos de esos rasgos ancestrales como caminar erguido sobre dos patas, tener un esqueleto ligero pero resistente y estar cubierto de plumas. Las plumas son unas estructuras que surgieron mucho antes del vuelo y que cumplía funciones de aislamiento, exhibición y comunicación.

De hecho, los pavos son unas aves grandes, terrestres y poderosas, más cercana en aspecto y comportamiento a ese pasado dinosauriano que otras aves más estilizadas y voladoras. De hecho, los pavos salvajes pueden volar durante tramos cortos. De hecho, usan esta habilidad para subirse a las ramas de los árboles al anochecer, ya que suelen dormir allí. Está claro que el pavo no es un animal para nada torpe, aunque su imagen doméstica nos haga pensar que es así.


Si observáis el esqueleto de un pavo, veréis una estructura fundamental que muchos niños (y no tan niños) buscan durante la comida. Se trata de la fúrcula, más conocida como el "hueso de los deseos". Este hueso es la fusión de las dos clavículas y tiene una función de muelle para facilitar el vuelo. Curiosamente, esta fúrcula ya estaba presente en muchos dinosaurios terópodos no avianos. Así que, cuando hagáis fuerza para romper el huesecito y pedir un deseo, recordad que estáis manipulando una pieza anatómica que ya "estrenaron" los parientes del T-rex hace millones de años.


La genealogía del pavo

Para los amantes de la sistemática y la paleontología, que somos muchos, el linaje del pavo es un caso de estudio fascinante. Su historia comienza a consolidarse tras la gran extinción del Cretácico-Paleógeno. El pavo pertenece al orden de los Galliformes, un grupo de aves neognatas que, junto a las Anseriformes (patos y gansos), forma el superorden Galloanserae. Uno de los ancestros más antiguos y basales que nos ayuda a entender este origen es Asteriornis maastrichtensis, apodado cariñosamente como el "pollo maravilla" (wonderchicken). Este fósil, datado hace unos 66,7 millones de años, presenta una mezcla de rasgos que hoy vemos repartidos entre pavos y patos, situándose muy cerca del ancestro común de todas estas aves terrestres y acuáticas.


A medida que avanzamos en el Cenozoico, el registro fósil nos muestra la especialización de la familia Phasianidae. Durante el Eoceno, hace unos 50 millones de años, encontramos formas como Gallinuloides en América del Norte, que ya mostraban adaptaciones claras a la vida terrestre que hoy vemos en el pavo. Sin embargo, no es hasta el Mioceno temprano (hace unos 23 millones de años) cuando aparece Rhegminornis, un género que ya muestra características osteológicas que lo vinculan más estrechamente con la subfamilia Meleagridinae, el grupo exclusivo de los pavos, separándose de otros faisanes y perdices.



El eslabón clave hacia el pavo moderno lo encontramos en el género Proagriocharis, que habitó en el Mioceno tardío y Plioceno temprano (hace unos 5-10 millones de años). Este pequeño "proto-pavo" fue el antecesor directo del género Meleagris. Curiosamente, el registro fósil nos dice que en América del Norte convivieron varias especies antes de que nos quedáramos solo con las dos actuales; una de las más famosas fue Meleagris californica, el pavo de California, un pariente algo más robusto que el actual y que fue extremadamente abundante durante el Pleistoceno, encontrándose por cientos en los yacimientos de asfalto de La Brea, en Los Ángeles.


Finalmente, la divergencia entre las dos especies que han llegado hasta nuestros días, el pavo común (Meleagris gallopavo) y el pavo ocelado (Meleagris ocellata), ocurrió hace aproximadamente un millón de años. Mientras que el pavo ocelado quedó restringido a las selvas de la península de Yucatán, el pavo común se diversificó en varias subespecies por todo el continente norteamericano. Fue precisamente de una de estas subespecies salvajes del sur de México de donde los pueblos mesoamericanos realizaron la selección inicial que, tras un viaje de ida y vuelta por el mundo, ha terminado convertida en la lección de paleontología comestible que hoy tenemos en el plato.

Un ave americana

El pavo doméstico pertenece a la especie Meleagris gallopavo domesticus y es originario de América del Norte y Central, de hecho, mucho antes de llegar a Europa y convertirse en un símbolo gastronómico navideño, ya convivía estrechamente con los pueblos mesoamericanos. Para culturas como la azteca, el pavo no era solo una fuente de carne. Sus plumas se utilizaban con fines ornamentales y rituales, y el animal tenía un valor cultural claro. Fue uno de los pocos animales domesticados en América antes de la llegada de los europeos, junto con el perro. 


Su forma de desplazarse nos habla de su pasado. Los pavos salvajes pueden correr a velocidades de hasta 40 km/h, una cifra nada desdeñable para un animal de su tamaño. En el registro fósil de América del Norte se han encontrado parientes cercanos del género Meleagris que datan del Mioceno, lo que demuestra que este linaje ha perfeccionado su vida terrestre mucho antes de que nosotros apareciéramos por el horizonte evolutivo para ponerles una valla alrededor.

Esto es importante, porque el pavo no se descubrió en América, sino que ya estaba integrado en sistemas humanos complejos cuando los europeos lo conocieron. Su domesticación comenzó allí, mucho antes de que acabara protagonizando cenas de Nochebuena al otro lado del Atlántico.

Pero no es el único de su familia. Existe un pariente cercano, el pavo ocelado (Meleagris ocellata), que vive en la península de Yucatán. A diferencia de nuestro pavo navideño, este tiene plumas de colores metálicos e iridiscentes y unas manchas en la cola que parecen ojos u ocelos, similares a las del pavo real. Es la prueba viviente de la diversidad que este grupo alcanzó en el continente americano antes de que seleccionáramos solo a una de las especies para cruzar el océano.


Incluso Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de EE. UU., tenía una opinión muy alta de esta ave. En una famosa carta a su hija, llegó a decir que el pavo era un animal mucho más respetable que el águila calva, a la que definía como un ave de mal carácter moral. Según Franklin, el pavo era un "auténtico nativo americano" y un animal valiente que no dudaría en atacar a un invasor. No llegó a ser el símbolo nacional de Estados Unidos, pero se quedó muy cerca.



Domesticación y genética

Desde el punto de vista biológico, domesticar un animal es dirigir su evolución hacia donde nos interese. La selección artificial funciona de forma similar a la selección natural, pero con un criterio muy claro, el que impone el ser humano. En el caso del pavo, al igual que en el de otros animales domésticos, generación tras generación se fueron seleccionando individuos con algunas características muy concretas: mayor tamaño corporal, crecimiento más rápido, comportamiento más dócil, menor capacidad de vuelo, y, sobre todo, mayor desarrollo muscular, especialmente en la pechuga.


Estos cambios no son solo evidentes en la superficie, sino que están grabados en su genética. El pavo doméstico actual es muy distinto de su pariente salvaje, no porque la naturaleza lo haya querido así, sino porque nosotros lo hemos seleccionado así. El resultado es un animal perfectamente adaptado… no al medio natural, sino a nuestros corrales y a nuestras mesas.

Esta selección ha llegado a tal extremo en algunas variedades comerciales, como el "blanco de pechuga ancha", que los animales han perdido la capacidad de reproducirse de forma natural. Sus pechugas son tan desproporcionadamente grandes que los machos físicamente no pueden montar a las hembras, lo que obliga a la industria a recurrir a la inseminación artificial para mantener la población. Es un ejemplo fascinante (y algo inquietante) de cómo la selección artificial puede llegar a un callejón sin salida biológico en favor de la productividad.


Además, el color blanco predominante en los pavos industriales no es casualidad. Los pavos salvajes son oscuros y tienen pigmentos que dejan manchas en la piel al ser desplumados, lo que a muchos consumidores les resulta visualmente poco atractivo. Seleccionando pavos con una mutación que impide la formación de pigmentos en las plumas, hemos conseguido que el pavo asado luzca esa piel dorada y limpia que tanto nos gusta ver en las fotos de las revistas o en el centro de la mesa.

Una cara imposible de ignorar

Uno de los rasgos más llamativos del pavo es su cara, que cuenta con carúnculas, barbas y zonas de piel desnuda que pueden cambiar de color, pasando del rojo intenso al azul o al blanco según su estado fisiológico. Las carúnculas del pavo son protuberancias carnosas y eréctiles que cuelgan de su cabeza y cuello, conocidas popularmente como "moco" o "redecilla". Una de las explicaciones posibles al refrán "no ser moco de pavo", tiene que ver con estas protuberancias, ya que el pellejo normalmente flácido de estas aves normalmente cuelga inútilmente -en apariencia- al lado de su pico. A mitad del siglo XVI los relojes de bolsillo comenzaron a ser objetos de lujo y, por tanto, todo un reclamo para los ladrones. En su jerga, el pavo era la víctima del robo, así que la imagen de una cadena que quedaba colgada en el bolsillo tras arrancarle el reloj en uno de estos atracos se asemejaba al moco de pavo, quedando como algo de escaso valor.



Los colores de estas carúnculas no están ahí por casualidad. Son señales biológicas. La piel del pavo está muy vascularizada, y su coloración depende del flujo sanguíneo y del estado hormonal del animal. En los machos, estas estructuras juegan un papel clave en la selección sexual. Cuanto más llamativo, más atractivo. Para las hembras, un macho con colores intensos es una señal de buena salud, con un buen sistema inmunitario y, por tanto, con buenos genes. Es una estrategia evolutiva clásica: exagerar rasgos para demostrar calidad biológica.

Esta capacidad de cambiar de color es casi instantánea y funciona como un semáforo emocional. Si el pavo se asusta o se siente amenazado, la sangre se retira de la superficie y la piel puede volverse de un tono azulado o pálido. Por el contrario, en pleno cortejo, la sangre bombea hacia las carúnculas, volviéndolas de un rojo carmesí vibrante. Es, literalmente, un animal que lleva sus emociones -o al menos sus hormonas- pintadas en la cara.



Pero no todo es color. La carúncula que cuelga sobre el pico, el "moco", tiene una función de salud muy específica. Estudios científicos han demostrado que las hembras prefieren machos con el moco más largo, y hay una correlación directa entre la longitud de esta estructura y la menor carga de parásitos intestinales. Es decir, para una pava, un moco largo y sano es el equivalente a un perfil de Instagram sin filtros que demuestra que el candidato es un buen partido genético.

De ave americana a plato navideño europeo

Tras la llegada del pavo a Europa en el siglo XVI, su expansión fue rápida. Era un animal grande, llamativo, relativamente fácil de criar y distinto a cualquier ave conocida hasta entonces. De este modo, pronto se convirtió en un símbolo de estatus y poder. Con el tiempo, fue desplazando a otras carnes más tradicionales en festividades señaladas y acabó consolidándose como protagonista de las celebraciones navideñas en muchos países. El pavo pasó de ser un animal local americano a un icono gastronómico global, resultando en una transformación cultural tan profunda como la genética.



Su introducción en España se atribuye a los jesuitas, que comenzaron a criarlos en sus granjas (de ahí que en algunas zonas se les llamase "jesuitas" hace siglos). Desde la Península, el ave viajó a Francia e Inglaterra. En la corte inglesa, Enrique VIII fue uno de los primeros monarcas en degustarlo, aunque fue en la época victoriana cuando el pavo desbancó definitivamente al ganso como plato principal navideño, gracias en parte a que autores como Charles Dickens lo inmortalizaron en su obra Cuento de Navidad.

Curiosamente, el pavo también realizó un viaje de retorno. Los colonos europeos que viajaron de vuelta a América del Norte llevaron consigo las variedades que ya habían sido modificadas en Europa. Así, el pavo que se consume hoy en las Navidades americanas es, en realidad, un descendiente de aquellos que viajaron primero a Europa y sufrieron allí su primera gran fase de selección artificial "a la europea".

Ciencia en la mesa navideña

Incluso en el momento de cocinarlo hay ciencia. Ese color dorado que buscamos en el horno es producto de la reacción de Maillard, una compleja serie de reacciones químicas entre aminoácidos y azúcares reductores que no solo cambia el color de la piel, sino que genera cientos de moléculas de sabor y aroma que hacen que el pavo sea irresistible. Sin Maillard, el pavo solo sería carne cocida; con ella, es química orgánica de alto nivel.


Así que, cuando esta Navidad el pavo vuelva a ocupar el centro de la mesa, quizá merezca algo más que un comentario de cuñado sobre si está seco o jugoso. Tras leer este post puedes añadir que ese animal fue un dinosaurio terópodo, un ave sagrada para culturas precolombinas, un experimento de selección artificial, un ejemplo extremo de selección sexual y, finalmente, un símbolo navideño.

Puede que no cambiemos el menú, pero al menos podemos mirar el plato con otros ojos. Porque pocas cenas ofrecen una historia evolutiva tan larga, tan compleja y tan sorprendente como la del pavo. Así que, mientras brindáis y compartís el festín con vuestros seres queridos, recordad que la biología no se queda encerrada en los libros de texto, o en las clases del instituto o la universidad, ni en las vitrinas de los museos de historia natural; sino que está presente (y bien asada) justo delante de nosotros. Cada vez que trinchéis esa pechuga seleccionada natural y genéticamente o admiréis la anatomía de una pata que parece sacada de un fotograma de Jurassic Park, estaréis celebrando no solo una tradición, sino la increíble capacidad de la vida para transformarse a través del tiempo, la selección y el ingenio humano. Al fin y al cabo, la verdadera magia de estas fechas no reside solo en los regalos, sino en nuestra capacidad de seguir asombrándonos por el mundo natural que nos rodea, incluso entre polvorones, villancicos y una buena ración de dinosaurio al horno. 

¡Feliz y biológica Navidad a todos!


Bibliografía:

https://www.elsitioavicola.com/articles/1839/factores-predisponentes-que-afectan-la-capacidad-de-caminar-de-pavos-y-pollos/

https://rexmachinablog.com/2018/11/24/turkey-american-icon/

https://es.wikipedia.org/wiki/Meleagris_gallopavo_domesticus

https://www.jstor.org/stable/3676973

https://www.worldanimalprotection.es/noticias-y-blogs/blogs/10-datos-curiosos-sobre-pavos-te-sorprenderan/

https://conocerlaagricultura.com/curiosidades-pavo/




martes, 6 de agosto de 2024

Artrópodos. Las fascinantes criaturas que cambiaron la historia. [Mini-reseña]

La semana pasada terminé de leer un libro de divulgación científica al que le tenía muchas ganas - y no solo por ser uno de los que participa en él -  sino porque trata sobre un tema que me atrae mucho desde siempre. Se trata de Artrópodos. Las fascinantes criaturas que cambiaron la historia, una obra colectiva publicada por Guadalmazán y coordinado magistralmente por José Manuel Vidal-Cordero


En este libro se reúnen veinte divulgadores del ámbito de la biología para escribir una serie de ensayos sobre el mundo de los artrópodos y como estos han influido de una forma o de otra en la historia de los seres humanos. De este modo se habla de la cara más desconocida de estos seres, cuya existencia, a veces pasa inadvertida, pero que han marcado la vida en nuestro planeta.

El elenco de divulgadores que se reúne en este libro aborda la entomología desde muchos puntos de vista diferentes y cada uno de ellos aporta un granito de arena muy distinto para componer una obra fundamental para entender la importancia que tienen estos animales. Entre los ensayistas de esta obra nos encontramos a Ignasi Bartomeus, Jairo Robla, Diego Barrales, Álvaro Pérez-Gómez, Marta L. Sánchez, Irene Lobato, Miguel Clavero, Fran Oficialdegui, Álvaro Luna, Adriá Miralles, Fernanco Cortés-Fossati, Félix Picazo, Eva Cuesta, Jesús Quintano, Ángel León, Evelyn Segura, Arturo Iglesias, Fernando Martínez, Josué Martínez de la Puente y yo mismo, además del propio coordinador, José Manuel Vidal-Cordero. Además cuenta con ilustraciones del gran Sergio Ibarra.


La primera historia que nos encontramos trata sobre uno de los insectos polinizadores más importantes de nuestro planeta, las abejas, y está escrito por Ignasi Bartomeus.

El libro continua con el texto de Jairo Robla, que trata habla de los ácaros, centrándose en la importancia sanitaria que suponen las garrapatas y la influencia de estos animales en la salud de las personas.

Continuamos con los escorpiones de Diego Barrales, que nos explica la diferencia entre los términos escorpión y alacrán y nos habla de los venenos.

Después, es el turno de Álvaro Pérez-Gómez que nos introduce en el mito de Arachne para hablar de las arañas y la tela que producen.

Las fascinantes y poco conocidas artemias, son las protagonistas del salado capítulo escrito por Marta L. Sánchez.

Uno de mis capítulos favoritos ha sido el de Irene Lobato - y no, no somos familia - que explica la increíble relación entre las avispas y la tinta.

A continuación, Miguel Clavero y Fran Oficialdegui nos hablan de como por capricho de ciertos personajes, especies diferentes de cangrejos de río han pasado a formar parte de nuestra fauna.

Tras los cangrejos de río, mi buen amigo Álvaro Luna nos presenta a unos seres que parecen salidos de una película de ciencia ficción o que parecen haber viajado en el tiempo desde el pasado. Se trata de los cangrejos cacerola y aunque compartan nombre con los anteriores, son un grupo que nada tiene que ver con ellos. Este es otro de mis capítulos favoritos de esta obra.

El siguiente en la lista es Adriá Miralles, que le pone cara a algunos de los seres que habita con nosotros, en un capítulo dedicado a las chinches de la cama.

Fernando Cortés-Fossati nos explica la importancia de la existencia de seres que a veces nos producen mucha repulsión, como son las cucarachas, las cuales pueden ser incluso usadas en la alimentación.

Otros artrópodos bastante desconocidos son las efímeras, animales que viven muy poco tiempo en su fase adulta. De ellas nos habla Félix Picazo.

Llaman mucho la atención, a veces por sus metálicos y bellos colores, otras por como transportan bolas de excremento, los escarabajos, que son los protagonistas del ensayo de Eva Cuesta.

Y como no podía ser de otro modo, nuestro querido coordinador, José Manuel Vidal-Cordero nos habla de hormigas, esos pequeños insectos que tanto ama y tan bien conoce.


Las mariquitas son las protagonistas del siguiente capítulo. Jesús Quintano nos habla de ellas y de otros insectos usados en control biológico.

Las plagas de langostas siempre han llamado nuestra atención desde tiempos inmemoriales. Comenzando con una cita bíblica, son traídas a este libro por Ángel León.

La conocida divulgadora Evelyn Segura es la encargada de hablar de un fascinante grupo de insectos, las libélulas, unas depredadoras tan eficaces que en este capítulo reciben el nombre de "rapaces de seis patas".

Arturo Iglesias se encarga de acercarnos a las mariposas y a sus orugas, otro grupo de gran importancia para el ser humano a lo largo de nuestra historia.

Y nos vamos acercando al final con las famosas moscas de la fruta y su importancia en la investigación, de la mano de Fernando Martínez-Flores.

El penúltimo capítulo está dedicado a los mosquitos, esos pequeños y fastidiosos insectos que tanto nos molestan en verano. Josué Martínez de la Puente nos habla de ellos.

Y a mí me tocó ser el encargado de cerrar el libro, con un capítulo dedicado a los piojos, otros compañeros poco agradables que cada cierto tiempo se convierten en una verdadera pesadilla para los progenitores.


Sin duda estamos ante un libro bastante entretenido y yo diría que incluso imprescindible, para comprender y entender mucho mejor a esas pequeñas criaturas con las que convivimos en este planeta. Además, cada capítulo cuenta con varias ilustraciones magníficas de Sergio Ibarra, que complementan perfectamente las historias que se relatan. Cuando me ofrecieron participar en esta obra, no lo dude, y mucho menos sabiendo la calidad de la gente con la que comparto páginas, pero tras haberlo leído entero, me alegro mucho más aún de haber podido formar parte del libro. Es un libro muy disfrutable, que puedes leer a tu ritmo o en el orden que quieras y que te hará aprender casi sin querer. La biología y la historia van de la mano en esta obra que, por supuesto, recomiendo encarecidamente.

domingo, 4 de agosto de 2024

Los zombis reales que habitan la naturaleza [Artículo Muy Interesante Digital]

El pasado 27 de julio se publicó en la web de Muy Interesante un nuevo artículo de mi autoría titulado Los zombis reales que habitan la naturaleza.


En este artículo explico, con ejemplos reales como entre la enorme biodiversidad de nuestro planeta se pueden encontrar multitud de seres que nada tienen que envidiarles a los zombis de las películas y series de ficción, ya que o actúan como verdaderos muertos vivientes o provocan un estado de "zombificación" en otros seres.

Si tenéis curiosidad por leerlo, lo podéis encontrar en el siguiente enlace:

https://www.muyinteresante.com/naturaleza/65529.html


Y si te gusta, no olvides compartirlo. ¡Muchas gracias!

domingo, 26 de noviembre de 2023

Participación en Un buen día para viajar, en RTPA

Hoy domingo 26 de noviembre he tenido la oportunidad de participar en el maravilloso programa cultural Un buen día para viajar, en la Radio Televisión del Principado de Asturias (RTPA). Y esta vez no fue para hablar de mi libro, sino para hablar de animales caníbales, un tema zoológico bastante interesante.


Pablo Vázquez me llamó para hablar de este interesante tema en su programa y me estuvo preguntando al respecto. Tomando como base el artículo que escribí para el especial de Muy interesante, que también referí por aquí, Pablo me hizo una agradable entrevista en la que me preguntó sobre muchas de las curiosidades del canibalismo en diferentes especies de animales.

Hablamos de peces, de aves, de mantis, de arañas... e incluso de humanos. En todo momento estuve muy cómodo en la entrevista y se notaba que se había documentado a fondo para preguntarme por los animales caníbales.

Si queréis escuchar el programa entero, tenéis que entrar en el siguiente enlace:

https://www.rtpa.es/audio:Un%20buen%20dia%20para%20viajar_1700996352.html

Mi intervención es a partir del minuto 35:20, aproximadamente, en la segunda parte del reproductor que se carga al entrar en el enlace. 

Desde aquí quiero agradecer a Pablo Vázquez y a todos los que hacen posible este programa, por su buen hacer y por haberme tratado tan bien, y como hemos dicho, estaré encantado de volver a atenderlos para hablar de estos temas animales en cualquier otra ocasión que me lo requieran. ¡MUCHAS GRACIAS!

viernes, 28 de abril de 2023

Charla "¿Qué pasaría si...? en el IES Albero de Alcalá de Guadaíra

 Ayer, jueves 27 de abril, volví a dar una charla a un instituto de Alcalá de Guadaíra al que le tengo un gran cariño, el IES Albero. En dicho centro ya estuve impartiendo una conferencia centrada en Spider-Man, allá por el lejano 2017. Ahora de nuevo volvía para hablar de zoología, pero sin dejar de lado los superhéroes.

El título de mi nueva presentación era "¿Qué pasaría si... usamos Marvel en clase de Zoología? Edición Especial Mitología", y en ella mi idea fue hacer un repaso al completo de todos los grupos de invertebrados y vertebrados, relacionándolos con superhéroes y villanos de cómics, películas y series del universo Marvel, partiendo de la base de la charla que preparé para la Universidad de Alicante, pero esta vez relacionándolo además con la mitología griega, romana, nórdica e incluso egipcia. 



Este año el IES Albero celebra su año temático titulado "El Albero entre mitos y leyendas" y de ahí que fuese muy apropiado incluir estos guiños mitológicos en esta charla. Además, la charla estaba dirigida a alumnado de 1º de ESO de dicho centro, que trabajan esta parte de la taxonomía y clasificación zoológica a lo largo de este primer curso, por lo que pensé que podría ser muy adecuada.




La invitación corrió a cargo de mi ex-compañera Clara Trinidad, con la que tuve la suerte de trabajar varios años en el IES La Campiña y que fue quien me hizo la propuesta de participa y a la que doy las gracias por haberme llamado. Me dio mucha alegría cuando llegué allí y me reencontré con ella tras varios años sin vernos. Por supuesto también fue una alegría inmensa volver a ver a otros compañeros y amigos que trabajan actualmente en el Albero, como Raquel, David, Miguel Ángel o Regla. Así que tras una mañana que comenzó muy triste por otras cuestiones, estos reencuentros supusieron un subidón de energía. 

Allí conocí a María, la directora del centro, a la que tengo que agradecer también el buen trato recibido durante todo el rato que estuve, además del obsequió con el que me gratificó después. Ella fue la encargada de hacer una breve introducción, para dar paso después a mi amiga Raquel García, que fue la encargada de hacerme una bonita y emotiva presentación. Pero es que Raquel tiene una sensibilidad, un saber estar y una clase que la hacen especial. ¡Muchísimas gracias de verdad!

A partir de ahí empecé a hablar de mis animales combinados con héroes y dioses mitológicos y con superhéroes y villanos de Marvel y he de reconocer que el alumnado de 1º de ESO que asistía como público se portó bastante bien, a pesar de estar allí más de una hora escuchándome. Así que vaya también desde aquí mi agradecimiento a esos chicos y chicas, los cuales después también se atrevieron a hacerme algunas preguntas sobre lo que había hablado en la charla, lo que cual también me alegró. Da alegría cuando vas otros centros educativos y te encuentras con alumnado tan bueno y colaborador como el de tu propio centro y esa es la sensación que me llevé hoy del Albero.

También tengo que hacer un poco de autocrítica y he de reconocer que yo no estaba anímicamente en un buen momento cuando empecé la charla, y yo mismo me notaba que no pude impregnarla con el mismo desparpajo o sentido del humor que suelo meter en otras, lo cual es posible que hiciera que en algunos momentos les pareciera pesada al alumnado que hacía de público, pero en ese momento es lo que me salió, así que también desde aquí pido disculpas si pude resultar tedioso en algunos momentos de la charla.

Aún así, mi sensación al terminar no fue negativa del todo, y las caras de curiosidad y de estar atento que había observado en algunos de los alumnos durante toda la ponencia, fueron un buen feedback de que al menos a algunos les había llegado.

Cuando me despedí de los chicos ya era casi la hora de terminar la jornada de ese día por lo que esperé a mis compañeras y nos fuimos a La Cueva de Anita, donde nos juntamos con Antonio que se unió a Clara, María, Raquel y un servidor para pasar un rato muy agradable compartiendo experiencias e historias que se movieron entre Alcalá de Guadaíra y Arahal. Sobre las cuatro y media de la tarde me despedí de todos ellos agradeciéndoles la invitación y el buen rato y conduje hasta mi casa para descansar un rato y continuar con los quehaceres diarios habituales.

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