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lunes, 6 de mayo de 2013

Bichitos malos

Llevaba una temporada intentando hacerle ver a mis hijas Marta e Irene la importancia de la higiene. Tanto lavarse las manos antes de las comidas, como no meterse los dedos en la boca, o no chupar juguetes y otros objetos que estén tirados por el suelo son normas básicas que a las dos les cuesta seguir. En Irene es comprensible porque no tiene ni dos años todavía, aunque es bastante espabilada, pero Marta tiene ya cinco años y por mucho que se le explique o se le diga es muy difícil que lo comprenda, porque para ella no tiene sentido que le hable de bacterias o virus o demás microorganismos. Y mira que alguna vez que otra lo he intentado enseñándole imágenes o fotografías al microscopio de mis libros de texto del instituto o encontradas en Internet, hasta ahora sin resultado.

Marta dibujando "bichitos"

El otro día se me ocurrió una forma de hacerle ver el peligro de los microorganismos del suelo y de la suciedad, y fue tan simple como sentarme con ella en su mesa, coger los lápices de colores y dos folios y decirle que íbamos a pintar los "bichitos malos" que se encuentran en muchos sitios aunque no los veamos y que nos ponen enfermos.

"Bichos malos" dibujados por mi
Y eso fue lo que hicimos: dibujamos un par de bacterias, un par de virus, un hongo y un protozoo y le dije que solo se podían ver usando un microscopio, (como tenemos uno que ella ya ha utilizado no hizo falta explicar para que sirve). Pero el detalle importante que le hizo ver a Marta lo que yo le quería transmitir fue que le puse a los microorganismos que dibujamos "cara de malos". Sí ya sabemos que estos seres no tienen cara, pero el efecto que causo el simple hecho de dibujar una "cara de malo" en cada uno de ellos, fue visible en la cara de Marta, que daba a entender que había comprendido que meterse cosas del suelo o las manos sucias en la boca podía ser malo. El tiempo me dirá si lo ha comprendido verdaderamente o no, estaré pendiente a partir de ahora a ver que hace.

"Bichos malos" dibujados por Marta

Más adelante tocará explicar que muchos de estos microorganismos son inofensivos e incluso beneficioso para el ser humano, y habrá que echar mano de yogures y pan para hacérselo ver... ¡o pintar algunos bichitos con cara de bueno! ;)

Microorganismos

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Este post participa en el Carnaval de Biología edición especial micro-BioCarnaval, que hospeda @microBIOblog  en su blog MicroBio.



miércoles, 2 de mayo de 2012

Cambios de estado (para niños de 3 años)

No sé por qué, esta entrada que tenía escrita desde el verano pasado se me había quedado en borradores y no la había publicado, así que aprovecho ahora que me la he encontrado para sacarla a la luz. 

Fuente

Hace unos días, a la hora de acostar a mi hija Marta (tres años y medio, cuando se escribió la entrada, ahora tiene cuatro años y tres meses), surgió, en la conversación que estábamos manteniendo, la cuestión de si el agua es lo mismo que el hielo. La infinita curiosidad de los niños hizo que Marta se plantease por un momento esa duda, aunque rápidamente negó cualquier parecido entre el líquido elemento y su forma solidificada. Por supuesto que por mucho que yo le afirmara que eran la misma cosa, Marta no se lo creía. Me argumentaba con mucho sentido que no podían ser lo mismo porque el hielo era duro, y el agua se bebía. - ¿Cómo me voy a beberme el hielo, papá?- me decía, intentando comprender eso tan raro que le acababa de plantear. Entonces sobre la marcha se me ocurrió que podríamos hacer un pequeño experimento y rápidamente nos pusimos manos a la obra:

lunes, 11 de febrero de 2008

LA ODISEA DEL NACIMIENTO

Dicen mis padres que me llamo Marta, y ya hace casi dos semanas que estoy por el mundo.
Antes de relataros la Odisea de mi nacimiento voy a saludaros que creo que en este lugar en el que me ha tocado vivir se lleva el ser educados: -¡¡Hola!!
Bueno pues ya puedo empezar a contaros la historia de mi breve pero intensa vida:
"Llevaba ya 39 semanas viviendo plácidamente en el seno del vientre de mi madre, tranquilamente, rodeada de líquido amniótico, que tragaba y expulsaba como ensayando para comer, conectada a mi mamá por el cordón umbilical, a través del cuál me llegaba la sangre rica de nutrientes y oyendo murmullos del exterior intercalados con los conocidos y reconfortantes sonidos de latido del corazón. A veces tambíen oía ruidos gástricos y peristálticos pero todos me eran muy familiares puesto que ocurrían dentro de mi mámá. A veces entre los sonidos del exterior podía distinguir algunas voces conocidas: Una más grave que pensaba que correspondía a mi papá y otra más aguda que creo que correspondía a mi prima María, que aunque todavía es pequeña a mi me parece muy mayor, ¡Ya tiene dos años y pico!. La voz de mi madre la conozco perfectamente aunque suene un poco distinta según la oigas desde dentro o desde fuera, que curioso ¿verdad? Dice mi papi que es lo mismo que cuando escuchas tu voz grabada y te suena raro. Pues allí estaba yo con los ojos cerrados la mayor parte del tiempo; a veces los abría pero solo había oscuridad, y cuando me aburría cambíaba de postura, que aunque se estaba genial allí dentro cada vez tenía menos espacio, ¿Estaré creciendo? pensaba de vez en cuando. Lo notaba mucho cuando mi mamí comía cosas dulces, no sé como, pero esos deliciosos sabores llegaban a mí, junto con un montón de energía azucarada que me daban unas ganas enormes de moverme y dar patadas y codazos, lo hacía con mucho cuidado, pero a veces, sin querer, le hacía un poco de daño a mi mami, ¡perdón!
Un día pensé que ya era hora de salir, que tenía ganas de conocerlo todo y a todos, de ver mundo y decidí empezar a esforzarme por empujar hacia abajo, pero lo único que conseguí fue empujar el tapón mucoso que se había instalado en la cuello del útero para protegerme de las infecciones y tuve miedo de que algo pudiera entrar, dicen por ahí que hay bacterias que pueden hacer mucho daño...
Afortunadamente no pasó nada y seguí insistiendo en empujar hacia abajo, aunque no conseguí romper las capas protectoras que me envolvían, el corion y el amnios seguían ahí, son muy flexibles pero bastante resistentes. Noté el traqueteo suave de un viaje en coche (aunque todavía no se muy bien lo que es esto) y escuché voces de gente extraña que hablaban no se qué de un hostal... hospal... hospital... o algo así. y sentí que a mi madre la mandaban de un lado para otro hasta que se quedo relajada tumbada en horizontal, mi papi estaba por allí porque oía como hablaba tranquilizando a mi mami.
No se porqué pero supe que algo iba a pasar, no tenía ni idea de que saldría ese día, pero si el presentimiento de que sería especial, distinto, así que puse bien el oído para ver si escuchaba que día era, y efectivamente una de las veces lo conseguí escuchar: era el día 29 de Enero de 2008.
Mi papi y mi mami se encontraban en una habitación que todos llamaban "de dilatación", que es el sitio en el que el canal del parto por el que tenía que salir yo tiene que empezar a aumentar su diámetro para dejarme paso. Pero lejos de dejarme allí tranquilita para que todo fuera lento noté como mi madre se levantaba de la cama y acompañaba a una señora, a la que creo recordar que llamaban "matrona", a otra habitación en la que se produjo el primer terremoto que sacudió mi hasta entonces tranquila existencia. A mi padre no lo dejaron venir con nosotras.
Me pilló por sorpresa, y no pude más que asustarme cuando de pronto mi mami "rompió aguas"; fue increible, el corión y el amnios se desgarraron y todo el líquido amniótico que aguantaba mi peso salió como una enorme marea, dejando mi receptáculo seco. Y allí me quedé yo, anonadada y sorprendida, sin saber que hacer, recostada bocabajo contra las paredes uterinas de mi mamá.
Al poco sentí como mi madre se tumbaba de nuevo y como le colocaban unos aparatos alrededor de su vientre para monitorizar mi ritmo cardíaco y sus contracciónes. Lo sé porque escuchaba a mi papi narrar como se aceleraba mi corazoncito cada vez que las paredes del endometrio empezaban a contraerse: -165 latidos por minuto y aumentando, y la contracción esta subiendo a 20, 21... 25... 30 - Oía su voz lejana, entre nerviosa y tranquilizadora.
De vez en cuando la matrona y otra mujer llamada "ginecóloga" llegaban para ver como iba todo y tras introducir los dedos en la vagina, decían que la dilatación iba muy bien: -ya hay unos 3 centímetros de dilatación y el cuello se esta empezando a "borrar". Aún así decidieron colocarle a mi mi mamá, en la misma vía intravenosa en la que tenía el suero que nos servía de alimento a las dos, otra sustancia que llamaban oxitocina. Yo ya la conocía, ya que es una hormona que el cuerpo de mi madre sintetizaba de forma natural y que se yo que me ayudaría a la hora del parto, porque produce contracciones uterinas (y también hace que acuda la leche al pecho de mi madre, porque estimula las glándulas mamarias... ¡¡ummm, que ganas tenía en ese momento de probar el rico producto lácteo del pecho de mi mamá!!).
Al cabo de un rato las contracciones se iban volviendo más rítmicas y más fuertes y a mí mamá cada vez le dolían más. Me consta que el dolor que estaba padeciendo era muy intenso y yo intentaba empujar para ayudarla, pero el pequeño tamaño de mi cuerpecillo hacían que la ayuda no fuera mucha.
Cuando mi mamá ya no podía soportar más el dolor vinieron de nuevo la matrona y la ginecóloga y vieron que la dilatación ya había aumentado a 6 centímetros y que el cuello estaba cada vez mas borrado, lo qué significaba que el parto iba progresando correctamente, así que llamaron a otra persona, ¿"anestesista" puede ser"? que tenía que ponerle una inyección con una sustancia que llamaban epidural. Se llevaron a mi mamá a otra habitación y mi papá se tuvo que quedar esperando donde estaba, yo se que estaba pasando muchos nervios en ese momento, pero no tardaríamos mucho en volver.
En la otra habitación le clavaron a mi madre una gran aguja entre la primera y la segunda vertebra lumbar, llegando la anestesia hasta el líquido cefalorraquídeo de la columna vertebral de mi sufridora mamá. La volvieron a llevar a la habitación donde nos esperaba impaciente mi papá y allí volvieron a monitorizar mis parámetros vitales. Poco a poco empecé a notar como las piernas de mi mami se iban durmiendo, por efecto de la epidural y el dolor que antes parecía que tanto la hacia sufrir empezó a remitir.
Aunque estabamos los tres un poco más relajados, la matrona le dijo a mi mamá que cuando notara contracciones, empezara a apretar, y así, poco a poco mi madre empezó a hacer unos esfuerzos enormes; yo desde dentro intentaba poner de mi parte, pero como antes mis fuerzas no eran suficientes... ¡qué ganas tenía de salir para evitarle más sufrimientos a mi madre!
No pasó mucho tiempo, cuando llegaron de nuevo a la habitación la matrona y la ginecóloga, y tras reconocer de nuevo a mi mama, decidieron que ya era hora de llevarnos a paritorio y así fue como nos trasladaron a otra habitación. Habían tocado mi cabecita con sus dedos y eso era buena señal; a mí por supuesto no me gusto nada que me tocara alguien extraño, pero me supuse que era necesario para seguir el camino que había emprendido.
De ese nuevo lugar no se desprendía ningún olor y allí todo parecía muy tranquilo, creo que era un lugar esteril, para evitar que yo cogiera alguna enfermedad al nacer. A mi madre la tumbaron en un lugar elevado debajo de una fuerte luz, que incluso yo podía notar a través de la piel de mi progenitora. Note como las piernas también se las colocaron de forma que estuviesen más o menos separadas y vi como el canal del parto estaba bastante abierto. De pronto me embargó una nueva sensación de libertad y de nuevo comencé a empujar para salir. Mis esfuerzos se tradujeron en nuevas contracciones, que mi madre aprovechaba para pujar todavía más. Un poco más lejano oía a mi padre como le decía palabras de animo a mi madre para que no desfalleciera.
Tras no pocos esfuerzos la doctora conseguí atravesar la distancia que me separaba del exterior, pero aún así no conseguía mi objetivo de salir.

De pronto recibí una ayuda del exterior: le estaban haciendo a mi mamá una episiotomía. Yo sabía que para ella sería una molestia, pero al menos así no sería yo quien la desgarrara al atravesar su vagina. Con una salida un poco más grande, la doctora no tuvo dificultades ningunas en asir mi pequeña cabeza y sacarla al exterior. Mis recuerdos de esos momentos son muy confusos, pensad que todo era nuevo para mi. Sólo sé que una vez que salió mi cabecita el resto del cuerpo salió con bastante facilidad. ¡Por fin lo había logrado! ¡Ya estaba fuera!
No sabía que hacer, y no se cómo, emití un pequeño llanto, que provocó en la gente de alrededor unas sonrisas en sus tensas caras. Con el llanto ocurrió algo muy extraño, mis pulmoncitos, hasta ese momento inútiles, se llenaron de aire; yo notaba el rico oxígeno atravesando mis vías respiratorias hasta pasar a mi sangre. Era una situación nueva y maravillosa a la vez.
Rápidamente me colocaron en brazos de mi mamá, a la que contemplé asombrada por primera vez desde fuera, -¡qué guapa es!- Pensé - ¡ojalá yo me parezca a ella!- Tras ese momento de embelesamiento, contemplando y oliendo a mi mamá, escuché de forma mas clara a como oía en el seno materno, cómo le preguntaban al que debía ser mi papá, si quería cortar el cordón que todavía me mantenía unida a mi madre. Me dio un poco de miedo que cortaran ese último nexo de unión, pero cuando aquel hombre sin afeitar y con perilla se acercó, escuché su voz y reconocí que era mi padre. Respondió que sí y saber que lo iba a cortar él me tranquilizó un poco. Ni corto ni perezoso, y muy decidido, mi papá, todo orgulloso, cortó el cordón umbilical, que previamente las doctoras habían pinzado. No sentí ningún dolor, por el contrario la sensación de libertad que me invadió, recorrio todo mi cuerpo, dando renovadas fuerzas a mi maltrecho cuerpecito, después de todo el esfuerzo que había realizado ese día.
Un poco después me reconocío la pediatra (qué es una médica para los niños chiquititos, como yo) y las enfermeras me limpiaron un poco, me pusieron ropita, que noté que me daba calor, (lo que más me gustó fué un gorrito blanco que me tapaba mi poco poblada cabecita) y le dijeron a mi papá que me cogiera. Desde los cálidos y protectores brazos de mi progenitor, observé con curiosidad lo enorme que era el mundo que me rodeaba, pero de donde no podía apartar la mirada era de mi mamá, ¡lo que había sufrido la pobre por mí! Cuando nos acercamos a ella y de nuevo me cogió, no pudo evitar emocionarse y las lágrimas acudieron a sus ojos. Yo también quería hacer aquello, pero todavía no se expulsar lágrimas.
Mientras todo esto pasaba la doctora terminó de sacar la placenta, ese órgano que había compartido con mi mamá, que me había proporcionado el oxígeno y el alimento y llamó a mi padre para examinarla entre los dos. Posteriormente, realizó una sutura en la herida que habían tenido que provocar a mi mamá, para lo cuál le dió unos puntos intradérmicos, lo qué me tranquilizó un poco ya que curan mejor que los normales y no le causarían demasiadas molestias durante el puerperio.
Cuando terminaron de coser a mi mamá, nos llevaron a una habitación llamada de postparto y allí nos dejaron solos un buen rato, supongo que para que nos fueramos conociendo mejor. Mi mamá se empezó a sentir mejor y poco a poco los efectos de la anestesia fueron remitiendo, aunque todavía no se podía levantar. Pasaron por allí varias enfermeras y un matrón que enseñó a mi papá como tenía que cogerme para moverme de una postura a otra y de un sitio a otro. Siempre me tenían tapadita con una manta para que yo no pasara frío. Así después de un rato en aquella habitación mi padre me cogió y me puso cerca del pecho de mi mamá y yo, por instinto, empecé a succionar sin saber que pretendía conseguir, así que aunque sacara poco cantidad yo continué allí enganchada durante un buen rato. El primer alimento que atravesó mi aparato digestivo desde que nací estaba saliendo de los senos de mi mamá, era el calostro, una sustancia nutritiva previa a la aparición de la leche materna, que me proporcionaría algunas de las defensas que pasaran a formar mi sistema inmune.
Estuve un buen rato mamando y aquella sensación me gustó, mientras tanto, yo escuchaba como mi papá y mi mamá hablaban entre ellos de lo felices que estaban por haberme traído al mundo, ¡creo que me quieren mucho!
Después de un buen rato llego un celador que nos trasladó a otra habitación en la que pasaríamos los dos siguientes días hasta que nos dieron el alta en el hospital.
Cuando nos estabamos instalando en la habitación, llegó otra enfermera y me traslado a otro lugar, siempre escoltada por mi papá que no me dejaba ni a sol ni sombra, y allí me midieron y me pesaron, y me pusieron una vacuna. Me dolió mucho el pinchazo en el muslo pero apenas lloré un poco y después nos volvimos a la habitación donde estaba mi mamá, esperándonos impaciente.
Había sido un día muy largo y agotador y todos estabamos muy cansados, pero mis papás no consiguieron dormir esa noche puesto que estaban siempre pendientes de mi, acunándome en sus brazos, recostándome sobre su pecho, dandome de mamar, cantándome o simplemente mirándome. Yo no dormí mucho, pero fue un sueño plácido y reparador, ya que había comprobado que estaba en buenas manos, ¡Yo también quiero mucho a mi mamá y a mi papá!"

Pues nada más por ahora, esta es la odisea de mi nacimiento y la historia del primer día de mi vida en el exterior. Si os ha gustado mi aventura otro día os contaré que tal fueron mis primeras noches en casa y mis impresiones sobre este maravilloso mundo que nos ha tocado vivir.

¡Hasta luego!

NOTA DEL PADRE: Desde aquí me gustaría expresar mis más sinceros agradecimientos a todo el personal del Hospital Universitario Virgen de Valme de Sevilla, por su trato humano y su buen hacer durante todo este proceso; también quiero agradecer a mi familia (tanto carnal como política) por estar siempre ahí prestándonos ese apoyo que en algún momento todos necesitamos y cómo no a mi mujer, que la quiero más que nunca, por ser la mejor esposa (y ahora también madre) que cualquiera pueda desear y a mi hija Marta, SIMPLEMENTE POR EXISTIR.
Carlos L.

domingo, 3 de febrero de 2008

¡¡¡¡¡¡¡BIENVENIDA AL MUNDO!!!!!!!!

¡Ya está aquí Marta! El pasado Martes 29 de Enero de 2008, a las 19:50 de la tarde nació nuestra pequeña; pesó 3,700 kg y midió 54 cm. ¡Qué bien alimentada la tenía su mami ahí dentro!
Como podréis comprobar la felicidad que nos embarga ahora no es comparable a ningún otro sentimiento que hayamos podido sentir antes y nos da fuerzas suficientes para superar todos los inconvenientes que se nos van presentando por nuestro recién estrenado título de "padres novatos". Pero no pasa nada, poco a poco nos vamos desenvolviendos un poco mejor y la pequeña y preciosa Marta cada vez está más a gusto en casa con su mamá y su papá.
Aquí dejo una foto de Marta inmediatamente después de su primer gran esfuerzo por nacer, y del comienzo de su lucha por la supervivencia en nuestro planeta...

martes, 15 de enero de 2008

UNA LARGA Y TENSA ESPERA...
Los días pasan lentamente, mientras que esperamos la llegada al mundo de nuestra pequeña. Matemáticamente hablando faltan justo 14 días, aunque siempre puede haber sorpresas y adelantarse.
Acaba de terminar la segunda votación para ayudarnos a elegir nombre y ha ganado por una notable diferencia Marta (con 23 votos), mientras que Irene se queda con 13 votos. Curiosamente, aunque en su día dije que la votación no iba a ser vinculante, probablemente la niña acabe llamándose Marta, puesto que de hecho ya casi todas las veces nos referimos a ella con ese nombre. Y tengo que hacer una confesión: Marta era mi elección favorita, el nombre que yo he defendido desde el principio del embarazo, lo cual me alegra mucho.
Creo que este post es parte del estado de nerviosismo que poco a poco van invadiendo mi tranquilo carácter, y que hacen que cada llamada de teléfono provoque en mi cuerpo una aceleración cardiaca, un aumento de los niveles de adrenalina, y una convulsión intestinal, que me llevan a creer que se ha adelantado el parto, y que tengo que salir corriendo para el hospital... En fin, espero que todo vaya con sus pasitos contados...
Y para terminar sólo decir: ¡Marta, te estamos esperando!

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