Me manda mi compañero Fernando un correo electrónico con un interesante enlace hacia una página del diario
Público, en la que se publica un artículo en el que se nos muestran
diez lugares inhóspitos, improbables y absurdos de nuestro planeta en los que se pensaba que era imposible encontrar vida y sin embargo la hay. Se trata de una recopilación hecha por el
Instituto Smithsoniano estadounidense y pueden servir perfectamente para hablar de las increíbles adaptaciones de los seres vivos a condiciones extremas en nuestro planeta.
Los
lugares imposibles para albergar vida, y sus
adaptados habitantes son los siguientes:
1. Las heladas tierras árticas de Siberia y Alaska, donde habita el eider de anteojos,
Somateria fischeri, una anátida que sobrevive a las bajas temperaturas actuando cooperativamente con el resto de la bandada y removiendo el agua para evitar que se congele.
Varios ejemplares de Somateria fischeri.
2. Los gélidos hielos de Alaska, donde se encontraron ejemplares de la bacteria extremófila
Carnobacterium pleistocenium, que resistía este clima extremo en forma de
esporas en el
permafrost y cuyos ejemplares se consiguieron reactivar en laboratorio después de 32000 años en estado latente.
Carnobacterium pleistocenium, de color verde.
Fuente de la imagen:
NASA
3. Los manantiales termales de Yellostone, donde sobrevive a las altas temperaturas del agua, que rondan la ebullición, viven multitud de bacterias, entre las que se encuentra
Thermus aquaticus, una termófila bien conocida en los laboratorios de genética.
Thermus aquaticus.
4. Los áridos terrenos del Valle de la Muerte en California, hábitat de los peces conocidos como
cachorritos del Agujero del diablo,
Cyprinodon diabolis, unos pequeños pececitos que aguantan la sequía en un pequeño acuífero subterráneo al que solo se puede llegar por una estrecha grieta.
Cyprinodon diabolis.
5. Las fuentes o fumarolas hidrotermales de los fondos marinos, donde se encuentran ricos y complejos ecosistemas cuya base esta formada por bacterias, como
Thermodesulfobacterium hydrogeniphilum, una termófila que proporciona nutrientes a una serie de invertebrados como camarones, percebes, mejillones...
Thermodesulfobacterium hydrogeniphilum.
6. Regiones de la
estratósfera a 20.000 metros de altura, donde se encontraron colonias de bacterias,
Bacillus sphaericus y hongos, como Penicillium sp.
Bacillus sphaericus.
7. Las Islas Galápagos, y muchas otras islas volcánicas, que pese a su origen ardiente y deshabitado, en la actualidad son un vergel donde conviven multidud de especies de plantas y animales. En las Galápagos, por ejemplo, podemos encontrar a las emblemáticas tortugas de las Galápagos,
Geochelone nigra, o los pingüinos de las Galápagos,
Spheniscus mendiculus, los únicos que viven en una zona ecuatorial.
Dos ejemplares de Spheniscus mendiculus.
Geochelone nigra.
8. Three Mile Island y Chernobil, dos pesadillas nucleares que tras sufrir, sendos accidentes, siguen teniendo altos indices de contaminación radiactiva. En ambos casos había una gran actividad microbiana, y concretamente en Chernóbil, se encontró un hongo,
Cryptococcocus neoformans, que utiliza la radiación en beneficio propio.
Ciclo vital de Cryptococcus neoformans.
9. Los fríos inviernos de Alaska y Siberia, donde encontramos a un mamífero excepcional, la ardilla ártica,
Spermophilus parryii, y un anfibio, la rana de bosque de Canadá,
Rana sylvatica, no menos asombroso. La primera sobrevive con una temperatura corporal por debajo de 0º C, mientras que la segunda es capaz de congelarse y descongelarse y seguir viviendo "tan fresca".
Spermophilus parryii.
Rana sylvatica congelada.
10. Una mina de oro sudafricana, donde podemos encontrar el único ecosistema formado por una sola especie, donde esta vive en la más absoluta soledad. Se trata de una bacteria,
Candidatus desulforudis audaxviator, llamada la
audaz viajera, capaz de vivir aislada, en una completa soledad, a 60º C de temperatura y sin oxígeno.
Candidatus desulforudis.
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